miércoles, 6 de mayo de 2015

Te esperé. No sabes cuánto te esperé.




No puedes hacerte una ligera idea de cuanto te he esperado.


Desde hace mucho tiempo creí
que esto nunca sería posible para mí,
que tal vez no lo merecía
o quizás era algo prohibido, intocable,
lejano como las estrellas
aunque para mí de grandeza insuperable.


No puedo explicarte,
no me atrevo o no quizás no soy capaz,
pues el tamaño de la luna no es bastante
para medir lo que en este tiempo he sentido,
cómo me he sentido.


Te he echado de menos sin conocerte,
te he esperado sin saber a que hora vendrías,
ni que día, ni que mes,
me ha llegado a parecer que el cielo caía sobre mí,
por tanto esperar,
de tanto mirar el reloj.


Después de sentirme solo,
de no poder hablar con nadie,
de estar realmente solo;
se terminó.


La noche abrió paso al día.
La lluvia cesó para dejar brillar al sol,
sol que ilumina, que no quema
dando final a un oscuro invierno.


Ahora junto a tu cuerpo,
me siento acobijado,
seguro,
tranquilo,
aunque a la vez nervioso por tocarte,
por sentirte,
por acariciarte,
por besarte.
Por hacerte y saberte mía.


Bailan dos cuerpos como si de uno se tratase.
Bajo las sabanas blancas,
bajo el viento que entra por la ranura de la ventana.
Tu cuerpo y mi cuerpo están tan unidos
que nada puede separarlos,
así debe ser,
así será siempre.


***Recuperado de mi antiguo blog (Fecha: 29/03/13).

1 comentario:

  1. No merecía estar sepultado en el olvido.
    Ojalá se fundan también las almas.

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