martes, 27 de mayo de 2014

Hacer las maletas.

 




Hacer las maletas cuando uno se dispone a viajar de ida
no es lo mismo que cuando se hacen para viajar de vuelta.

Ya no hay nervios, solo queda tranquilidad de quien guarda la ropa y cierra una cremallera.
Pieza a pieza, sentimiento a sentimiento, se guardan en su interior.
No poder evitar volver la vista atrás
para ver un reflejo de todo lo que allí se queda.

Tu quietud me exprime,
no haces absolutamente nada más que observarme.
Miras como el que está dejando pasar el tren en la estación.
Silencioso. Quieto.

Atrás quedaron los sueños,
aquellos que un día a ti me trajeron.
Ahora, ya no caben ni siquiera los reproches
así que te los dejo.

En el armario colgados de una percha junto a tus sentimientos.
Si no los quieres tendrás que ser tu quien se deshaga de ellos.
Llegamos al final de una extraña historia en la que ni tu ni yo fuimos protagonistas.

Queda al aire,
me pregunto si tras tantas idas y venidas,
si después de todo esto ya se ha acabado
o si, por casualidad, cogerás el traje de sentimientos y te atreverás a hacer lo que nunca hiciste.


domingo, 4 de mayo de 2014

Nunca digas Nunca.



Nunca digas "Por eso Nunca pasaré"

El maltrato psicológico también se considera maltrato. Cuando estás en esa situación no te crees víctima, consideras simplemente que tienes una relación mejor o peor pero nunca te imaginarías que no era normal. 
No era normal que destacara tus complejos, que te recalquen que tu amiga la de las piernas largas y esbeltas es mejor que tu. Tampoco lo es que te desprecie, que te mire por encima del hombro o que solo quiera verte cuando tenga ganas de pasar un rato entre sábanas. 
Todo tiene un inicio, empieza sin darte cuenta, pequeñas discusiones que él transforma hasta acabar ella de rodillas suplicándole un perdón. No entiendes porque le estás pidiendo perdón si eres tu, y no él, quien ha esperado tres horas en el portal a que decidiera dejar los videojuegos y presentarse a la hora que acordó.
Todo lo tergiversa, acabas las discusiones, que ya no son discusiones, son monólogos, con la conciencia dañada pensando que por ser culpable, eres culpable del cambio climático. 
Piensas que no mereces otra persona, que él ya es mucho para ti, mereces los insultos, los desaires y los plantones.
Poco a poco empiezan los pequeños golpes, nada grave, le pides que no haga eso, caso omiso pues al día siguiente vuelve. Empiezas a hablar con amigas, te dicen que no es normal. ¿Normal? ¿Y que es normal en mi vida? Esa situación yo la vivía en casa y siempre dije que nunca me vería metida, pero ahí estoy.
Aguantas, aguantas porque lo quieres. Un buen amigo es quien te saluda cada mañana a través de mensajes, quien te pregunta como ha ido el día, quien te hace sentir que no estás sola. Te trata mejor un amigo que una pareja, eso no puede ser "Normal".
Vas despertando, empiezan las mentiras, tu familia se piensa una cosa...por supuesto, solo ven una cara. No te parece que pueda ser verdad cuando escuchas la palabra "Maltrato", a la que le sigue "Psicológico"... no puede ser aquel buen chico que conociste. Tiene dos caras cual moneda, solo que él ya ha demostrado que no tiene ningún valor. Tiene la cara amable y cariñosa que saca cuando hay alguien delante y tiene la mala...la que sale cuando estás a solas. Te recalca que eres suya, que no debes hablar con ningún hombre sin que él lo permita. Miente e incluso llora cuando quieres dejarle. Es un lobo disfrazado de cordero. Te destroza la moral, aumenta tus complejos e impide que te valores como mujer. Ya no sabes que es normal y que no, o si todo esto es imaginación tuya o incluso si estás exagerando todo. 
Te vas dando cuenta que te sientes sola aunque estés en el mismo sofá que él, te toca cuando le interesa y cuando no te ignora ¿A caso eso es un hombre? ¿Son todos igual? Las comparaciones son odiosas pero sabes que no todos son igual, que tienes amigos que te tratan mejor, que son más atentos y delicados. 
Hablas con tu madre, ha pasado por lo mismo, ella te entenderá. No lo hace, te dice que el chico debe quererte mucho para no dejar de pasar por tu puerta. No te engañes, ya ha pasado un año, has hecho tu vida y estás conociendo a más gente, otros ambientes...él sigue ahí, a la espera, pasando por tu puerta e intentando mandarte mensajes cada vez que puede.
No permitas que vuelva a hacerte daño aunque hoy, a día de hoy, aún no hables por vergüenza. 


El valiente es valiente hasta que el cobarde quiere.