Prométeme que no te fijarás en mi presencia cuando pase cerca de ti,
no paras a observarme ni tan siquiera durante un minuto
cuando yo sea un infortunio que intenta llamar tu atención.
Prométeme que no te permitirás sentir nada más allá que una amistad,
no puedes ni debes.
Yo solo soy el error que cometerías si fuese de otra forma.
No soy buena para ti ni para nadie,
¿quieres saber el porque?
he pasado por tantas cosas en esta vida...
quizás tomando un café te lo contaría
pero un café no dura tanto y no llegarías a entender porque soy tan complicada.
Sorbo a sorbo tratas de poder con mis palabras,
como poco a poco intentas entenderme ahora.
Es muy sencillo, soy fría, demasiado para tener mis veinte años.
Ya no muestro cariño, ya no digo te quiero, ya no beso ni abrazo ni sorprendo.
Soy una sombra de alguien que un día fue mucho más.
Sé que te has imaginado conmigo,
borra esa pensamiento de inmediato,
te advierto, pues es una locura caer en ello.
No trates de entenderme ni cambiarme,
yo intenté y fallé.
Las mil veces que me dijeron te quiero,
siempre estaré a tu lado,
y precisamente fueron los primeros en abandonar el barco.
El mismo barco que lleva mucho tiempo navegando solo,
en silencio, en la noche, en lo oscuro, solo...
No me des tu mano, no la voy a coger,
pues mi cabeza no deja de pensar que tu también te irás.
Yo sabía amar,
así que no es que necesite a alguien que me de esa clase de lección,
creo que más bien necesito a alguien que no me abandone,
que no me deje cuando le diga Vete,
que tome mi mano y me diga Vamos,
que me haga sentir única,
que no prometa el cielo y las estrellas,
solo necesito su compañía, su presencia, un café y una conversación,
que si me quiera no se vaya en cuanto el mar no esté en calma,
que me abrace,
que me lleve a él,
que me mire...
simplemente que me ame.
Y nadie lo hace. y el barco sigue a la deriva,
hasta que se canse de flotar y empiece a naufragar,
en silencio, en aguas frías, viendo otros barcos pasar...