domingo, 24 de enero de 2016

Pasión.



Hace tiempo que vivo encerrada, bloqueada, anestesiada...llevando una armadura que pesa demasiado para los años que tengo.

Me niego la posibilidad de sentir, de querer sentir...me encierro en libros, en limpiar la casa y en pasear con mi perro.

No hay más, no quiero más.

Diviso entre la multitud una sonrisa, la misma de la que hace tiempo huyo.

Tímida y profunda.

Alegre y honesta.

Avanza sin pausa cual tren que viaja hacia su destino.
La gente se aparta, tu me miras y yo no puedo evitar mirarte.
Te he estado esquivando, lo reconozco.
He besado labios inapropiados, he abrazado por error a otros cuerpos...he sentido otras sonrisas...

Y apareces otra vez o a caso es que jamás te fuiste y resulta que yo no te presté atención.
Yo sé que tu me puedes hacer feliz,
Yo sé que puedes quitarme los miedos
y bailar con mis demonios.

Esos que hace tiempo que aparecieron de nuevo y no consigo encerrar.

No le temes a nada...pero yo si y aún no puedo darte tanto.
Quizás aún no es el momento o quizás jamás lo será pero quisiera, de forma egoísta, que sigas ahí.

Provocas magia. Provocas felicidad. Provocas Pasión.



L.B.D

1 comentario:

  1. De vez en cuando hay que hacer un alto en el camino y como en las casas, "hacer sábado" y desprenderse de lo que se ha acumulado y que no sirve para nada. Las armaduras cuestan más de quitar, se enganchan a la carne y duele arrancarlas, pero es necesario; un caballero escribió como quitarse una armadura oxidada y parece que su método es bueno. Quizá valga la pena releerlo y adaptar el método. Adaptar, que no todas las pieles son iguales.

    Negarse a sentir es querer caminar por la autopista con los ojos cerrados. No estamos hechos para no sentir, salvo que seamos faquires y nos ganemos la vida con ello, aunque creo que los faquires duermen en casa sobre un colchón sin púas.

    A los que vuelven hay que darles desconfianza, a los que no se han ido y además sonríen, un abrazo imantado, de esos que atraen. Si además saben bailar con demonios seguro que saben torcer el destino y dominan el tiempo. Aún así es bueno mirarles a los ojos y sonreirles no vaya a ser que por falta de energía se despisten y sigan otra vía.

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