Espérate.
Eso ya lo he escuchado otras veces...
Espérate a conocer mis demonios,
no querrás saber más,
te acabarás marchando.
Espérate,
soy yo la que ya no sigue.
Mejor me marcho.
No sé cuál es el problema.
Soy yo, eso es seguro.
Hoy no. Quizás mañana.

Nuestros demonios salen siempre para aterrarnos más a nosotros que a los demás. Quieren que nos repleguemos en nosotros mismos y a veces lo consiguen durante un tiempo. Sin embargo tienen un punto débil que les vence. Es una sonrisa interior que tiene nombre: confianza. Siempre está ahí, aveces debajo de una col, pero está.
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Aún me pueden, no puedo negarlo...poco a poco, supongo :)
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