lunes, 29 de febrero de 2016
Se sienta sola, al fondo de la cafetería, con la única compañía de una libreta y una pluma.
Escribe, escribe y piensa mientras da un sorbo a su café.
-¿Cómo superar tal encrucijada?-se preguntó la jóven una tarde que servía café en una mesa cercana, sin poder evitarlo me acerqué y contemplando su rostro pregunté.
-¿Qué es lo que tiene tus pensamientos tan ocupados?-la jóven me miró y sin pestañear proseguí.
-En ocasiones es aconsejable abrir la mente, exponer las ideas y esperar respuestas que llegan solas...¿Quién mejor que una vieja desconocida?
La muchacha que al principio aguardaba callada en ese momento habló.
-No tengo idea de cómo hacerle entender esto. Intento, más no lo consigo, ordenar mis pensamientos en una sencilla carta.
Me senté a su lado mientras la escuchaba.
-Me siento congelada, sin ganas ni vida...y no es justo. Llevo así tres años...esto viene a consecuencia de la petición de un amigo. Es un buen amigo pero abarca sentimientos que yo no tengo. Nuestras conversaciones eran alegres, divertidas y...y...y pícaras.
Jamás habló con "ellos" de sentimientos y jamás me quedo a dormir. Me costó dormir sola...al principio siempre le buscaba con el pié y me abrazaba a la almohada envolviéndome en mantas para no sentir el frío. Ahora ya estoy acostumbrada a no dar las buenas noches o un simple beso, ahora ya no puedo, ya no quiero sentir un abrazo de nadie. Expulso a todo aquel que me mire o tenga intención de algo más conmigo.
A la última persona le expliqué lo peor de mí y conociendo su profesión era cuestión de tiempo que se fuese. Así lo hizo, pasó de estar cada día a ya no enviar ni un mensaje.
Hasta aquí no hubiese problema de querer estar sola...
Mi problema viene cuando no quiero estarlo y aún espero a que alguien se gire y me haga saber que no se va...
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"Ámame cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito." Si esto no se cumple, no es por la profesión, es falta de amor.
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