martes, 27 de mayo de 2014
Hacer las maletas.
Hacer las maletas cuando uno se dispone a viajar de ida
no es lo mismo que cuando se hacen para viajar de vuelta.
Ya no hay nervios, solo queda tranquilidad de quien guarda la ropa y cierra una cremallera.
Pieza a pieza, sentimiento a sentimiento, se guardan en su interior.
No poder evitar volver la vista atrás
para ver un reflejo de todo lo que allí se queda.
Tu quietud me exprime,
no haces absolutamente nada más que observarme.
Miras como el que está dejando pasar el tren en la estación.
Silencioso. Quieto.
Atrás quedaron los sueños,
aquellos que un día a ti me trajeron.
Ahora, ya no caben ni siquiera los reproches
así que te los dejo.
En el armario colgados de una percha junto a tus sentimientos.
Si no los quieres tendrás que ser tu quien se deshaga de ellos.
Llegamos al final de una extraña historia en la que ni tu ni yo fuimos protagonistas.
Queda al aire,
me pregunto si tras tantas idas y venidas,
si después de todo esto ya se ha acabado
o si, por casualidad, cogerás el traje de sentimientos y te atreverás a hacer lo que nunca hiciste.
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