sábado, 3 de agosto de 2013

Aposté.




Aposté.
Aposté por una familia, unos amigos y un amor.

Aposté.
Aposté por un sueño, unos recuerdos y un sentimiento.

Aposté.
Aposté por una vida, una ilusión y una sonrisa.

Aposté.
Aposté y desde el suelo te digo ya no queda nada de éste postor.

Perdí todo cuanto tenía y lo tenía todo. 
Aposté.

2 comentarios:

  1. Apostar no es malo. Apostar al límite tampoco. Ni tampoco lo es perder.

    Cuando se tiene todo y todo se apuesta es porque en realidad no se es consciente de lo que se tiene o no se encuentra uno a gusto con ello.

    Apostar por el entorno íntimo se debe hacer siempre, pero hay que recordar que ese entorno se construye, no es el impuesto.

    Apostar por un sueño es vivir, sin ello solo existe el hastío.

    Apostar por sentimientos y recuerdos es falsear la historia y posiblemente la prueba de que teniéndolo todo no se tenía tanto.

    La vida se construye con los sueños que son hijos de la ilusión y productores de sonrisas. Se apuesta fuerte porque nunca se pierde. A veces nos lo parece, pero es como el recodo en el camino que nos hace creer que se acaba y solo cambia el rumbo.

    Apostar es tomar un riesgo y por tanto ya de por si es positivo. No se pierde nunca, solo se eliminan opciones y se define la senda.

    Felicidades si apostaste, eres grande. Los espíritus débiles solo miran el juego, no intervienen. ¿Perdiste? ¿seguro? mira en el bolsillo, mira bien y encontrarás aún una moneda; con ella puedes volver a apostar y esta vez, seguro, a ganar.

    Enhorabuena, un respiro, un trago y de nuevo a apostar por la vida.

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  2. ¿Un trago? Que sean dos.
    Aún no encuentro la moneda pero que siga el juego.

    Gracias, una vez más.

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